Educación afectivo sexual

La sexualidad es innata, y como tal hay que tratarla, es un proceso natural sin el que no estaríamos vivos.

Desde que nacemos somo seres sexuados, por lo que es conveniente ir normalizando la vida sexual y eliminar el tabú social que nos persigue generación tras generación.

No hay que alarmarse, no estoy diciendo que haya que enseñar a bebés que son las prácticas sexuales ni mucho menos. La sexualidad empieza desde el conocimiento del propio cuerpo. Si vetamos ciertas zonas porque «eso es de guarros» o porque «ahí no se toca», estamos promoviendo los tabús sociales que luego generan inseguridades y falta de confianza a la hora de preguntar por la sexualidad en la familia.

Es más conveniente enseñar que esas cosas se hacen en el baño por intimidad, el respeto al propio cuerpo y la intimidad de cada uno.

¡Nuestro cuerpo nos pertenece y debemos quererlo!

Y para ello hay que empezar por enseñar a los niños y niñas a reconocer las partes de su cuerpo, todas ellas. Igual que le nombramos las partes de la cara, todas las demás deben conocerlas y saber para que sirven y cómo se cuidan.

Les enseñamos a sonarse los mocos, pues igualmente con todo lo demás.

Vivimos en una sociedad que creemos moderna pero que sigue arrastrando muchas ideologías pasadas que llevamos en la «mochila» sin darnos apenas cuenta.

Tenemos que hacer un acto de actualización de conceptos y re-educación de pensamiento para que lo que enseñamos no siga estandarizando un hábito perjudicial. Estamos escuchando a diario en las noticias que «no es no», pero todavía muchos se lo saltan a la torera.

También están en auge aparatos sexuales que escandalizan a las mentes planas que no asumen que una mujer pueda disfrutar sola de su sexualidad. Y ya no hablemos de las diferentes identidades de género tan incomprendidas todavía.

Es cierto que hemos progresado y parte de la sociedad femenina ya se permite apoderarse de su sexualidad y de su cuerpo. Falta que otra parte entienda que, si una mujer disfruta tanto como un hombre sexualmente simplemente es porque es una persona sexualmente activa.

Y sobre todo hay que enseñar que, ambos sexos tenemos derecho a decidir cómo, cuando y con quién queremos disfrutar de esa sexualidad e intimidad. Tan positiva y a veces tan demonizada.

Sin olvidar la importancia de concienciar de los riesgos y responsabilidades que hay que asumir por ambas partes si esta práctica no se hace de forma consciente, saludable y con las medidas de protección necesarias.

De ahí que, tanto la educación emocional y la educación afectivo sexual, se deben popularizar para que las nuevas generaciones tengan un pensamiento estable ante situaciones violentas o poco agradables.

Es importante que se conviertan en personas asertivas y responsables que no invadan de ninguna forma la intimidad de otra persona, como está sucediendo.

Y está claro que Internet da mucha información sobre todos estos temas, pero sin una educación familiar previa, este acceso libre a la información es muy peligrosa si la personalidad no está bien formada y respaldada por un entorno responsable. Seamos emprendedores de este cambio social desde casa, formemos a nuestros hijos en educación afectivo-sexual sin tabúes.

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