Importancia de la gestión de emociones en familia

Con el ritmo de vida actual, es habitual no prestarle suficiente atención a cómo nos sentimos y mucho menos a cómo hacemos el proceso de gestionar esos sentimientos y emociones.

Es frecuente que se acumulen prisas, frustraciones, exigencias sociales y personales, quehaceres familiares y laborales… Y llega un momento que en nuestro interior se genera un cúmulo de emociones no gestionadas, que pueden provocar diferentes reacciones según nuestra forma de ser y nuestra capacidad de sobrellevarlo. Esto se llama Inteligencia Emocional, y es algo que se adquiere en la infancia de mejor o peor manera.

Por lo tanto, es importante darle un hueco en nuestra vida para entender cómo nos hace sentir cada situación y detener por un momento nuestro ajetreado ritmo de vida. Pararnos a ver un segundo en nuestro interior cómo realmente no sentimos. Parece algo a priori irrelevante, pero si consigues hacerlo una o dos veces, por semana podrás notar la mejoría en muy poco tiempo. Simplemente, te propongo que evalúes tu estado unos segundos y te permitas sentir. Analices que reacciones provocan en ti esos sentimientos y busques disfrutarlos o combatirlos según el caso. Son los denominados «ejercicios de plena conciencia» o Mindfulness. La idea es conseguir que el pensamiento ponga la emoción en perspectiva, te da información y te prepara.

No es lo mismo sentimiento que emoción. El primero es algo bioquímico, energético y fisiológico, que provoca un impulso corporal. El segundo se trata de nuestra forma de procesar lo que nos sucede. La satisfacción o frustración de necesidades, es decir, la emoción, es una reacción biológica y el sentimiento es la sensación, algo subjetivo.

Las emociones apuntan a los problemas para que la razón los resuelva

L. Greenberg

Las emociones nos dan información sobre la acción o planificación necesaria para producir una reacción que nos ayude a adaptarnos al entorno. Por tanto nos activa y prepara para conseguir una mejor adaptación.

En consecuencia, la inteligencia emocional requiere contención y expresión.

Es necesario integrar la cabeza y el corazón para ser capaz de vivir tan apasionadamente (emocionalmente) como reflexivamente

L. Greenberg

La inteligencia emocional integra autocontrol, autoconocimiento, automotivación, empatía y habilidades sociales:

  • El autocontrol es la gestión de las emociones de manera sana. Requiere de las capacidades básicas de identificar, comprender y utilizar las emociones en beneficio. Gracias al autocontrol, se generan habilidades de resolución de conflictos, se canalizan las sensaciones negativas, se reduce la impulsividad y se siente uno mejor.
  • El autoconocimiento permite canalizar la expresión de las emociones. Para ello se crea el proceso de identificar las emociones y situaciones conflictivas, para desarrollar las habilidades sociales necesarias y mejorar el conocimiento de las propias reacciones y aceptarse a uno mismo como es. Gracias al autoconocimiento y mejora de las habilidades sociales, se produce una actitud positiva ante la vida, más flexibilidad, mejor apoyo social y mejores relaciones sociales
  • La automotivación requiere una actitud positiva, identificando y planificando objetivos para insistir en perseguirlos y así manejar mejor la frustración

Los beneficios que esta mejoría intrapersonal produce en la familia (sobre todo en las relaciones con los hijos) son notables. Si los progenitores se conocen y comprenden sus reacciones, son capaces de anticiparse a ellas. Esto evita el Síndrome de Burnout y las reacciones exageradas. Sirven de ejemplo de inteligencia emocional positiva para sus descendientes, que tendrán un aprendizaje óptimo de su gestión de emociones a través del ejemplo. También ayuda a fomentar la autodisciplina respetando y reconociendo los sentimientos de todas las partes.

«La clave para alcanzar un alto cociente intelectual colectivo es la armonía social

D. Goleman

Las únicas emociones biológicas son las 5 básicas: alegría, tristeza, ira, miedo y asco, el resto se consideran emociones sociales provocadas por las situaciones vividas. Para trabajar la educación emocional con los más pequeños, es muy útil ayudar a reconocer estas emociones básicas y sencillas en situaciones de las rutinas diarias. Pero inicialmente hay que pararse a pensar cómo lo estamos haciendo previamente. Y si algo no funciona hay que pararlo inmediatamente, cambiarlo y tirar de sentido del humor que es muy útil en situaciones difíciles.

En ocasiones solemos banalizar o restar importancia a las cosas que nos cuentan los niños sobre lo que les ha sucedido. O si lloran por algo creemos que no requiere importancia y usamos frases del tipo «no vale de nada llorar por eso» o «eso no es para ponerse así». Debemos cambiar el enfoque, ya que en caso contrario, provocamos que los pequeños entiendan que no nos interesa lo que nos están contando. De esta forma poco a poco se volverán más reservados y bloquearan esos sentimientos.

Si algo es importante para una persona, hay que partir de esa importancia para abordarla. Trataremos de empatizar y ponernos en su lugar sin despreciar ni dramatizar en exceso. Seremos objetivos y buscaremos el vocabulario más simple y apropiado a cada edad. Para así analizar la situación y guiar al propio protagonista a que llegue a sus propias conclusiones. Que pueda dar, por sí mismo, la categoría y emoción de cada situación y busque la reacción adecuada. Esto ayudará a relativizarla y pronto entenderá que su reacción fue exagerada, o que se podría haber abordado el problema de otro modo. Así lo podrá aplicar la próxima vez que le suceda.

Existen muchos materiales en el mercado para trabajar con los niños esta temática según su edad. Los libros «Laberinto del Alma» o «Emocionario. Di lo que sientes», son ideales para descubrir cada una de las emociones. También el famoso cuento de «El Monstruo de Colores» y todas sus distintas versiones. Son muy básicos y útiles con los más pequeños de la casa.

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Otros recursos son películas como «Del Revés» u otras menos explícitas que, trabajadas de forma adecuada pueden ser muy útiles.

No es una tarea fácil llegar a tener una inteligencia emocional plena, pero todo es trabajable. Si ponemos un poquito de nuestra parte, los beneficios en la convivencia familiar serán notables y notorios. Crearemos adultos inteligentes emocionalmente, que sepan abordar mejor las dificultades de la vida adulta en sociedad.

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